Esa clienta no era cualquier clienta. Llegaba Cada mañana siempre a la misma hora para que la atiendan. La escena se repetía lunes, martes, miércoles, y también jueves y viernes. Sin embargo esta abuela que podía resolverlo todo en un par de horas, en un solo día, no quería eso…
Ella es Adela. Está cerca de los 80. Vive sola en un departamento de 3 ambientes en Belgrano. No tiene familia. No tiene hermanos ni tuvo hijos. Hace años, enviudó.
A la vida de Adela le sobran horas, le sobran días. ¿Cuántas Adelas viven en la gran ciudad, sin compañías, sin familias, sin amigos, ?
En su batalla tal vez inconsciente, contra la soledad, Adela tuvo una idea. Sus visitas a la manicura y pedicura para que le arreglen las uñas no iban a ser tan cortas. Es decir, lo que normalmente podría significar 2 horas cada 15 días, Adela lo «estiraría» hasta lo imposible para compartir más tiempo con gente, con las chicas que la atendían, hablar, reírse, contar sus historias, todo lo que no podía hacer en su triste soledad…
Adela coqueta, locuaz, chistosa y muy frontal le planteó a sus «especialistas en uñas» : -chicas voy a venir todos los días…
Las dos mujeres se miraron sorprendidas, sin entender. Adela siguió: -En lugar de venir una vez cada tanto, vendré todos los días. Me harán un dedo de la mano por día, y al terminar un dedo de cada uno de los pies también por día !!!-
Las mujeres sonrieron. Sería una broma más de la abuela. Pero no…
Adela pidió que esa mañana solo arreglaran y pintaran UNA de las uñas. Solo una. Mañana martes ella volvería para una segunda uña, y así hasta completar y lucir manos impecables.Luego comenzaría el ritual de embellecer de a una,por día, todas las uñas de los pies.
No fue fácil entenderla. Desde la razón no había explicación..
Hasta que las chicas del local de manicuría y pedicuría comprendieron las necesidad de esa abuela sola.
Y se dieron cuenta que no solo eran quienes le daban belleza a las manos y pies de Adela. También eran la única compañía que ella tenìa durante el día.
Así fue que cada mañana durante una hora,hora y media, Adela vencía la soledad, la engañaba un rato, saboreaba eso de conversar con alguien, hacer chistes, reírse, opinar… Adela se sentía viva
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